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Lesión Cerebral Traumática


Datos que usted debería saber sobre las lesiones cerebrales traumáticas

Las lesiones cerebrales traumáticas (TBI por sus siglas en Inglés) afectan a más de 2 millones de americanos cada año, aunque la cifra posiblemente esté más cerca de 4 millones. Las estimaciones del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) incluyen 50.000 muertes, cerca de 300.000 hospitalizaciones y más de 1.300.000 visitas al servicio de urgencias.

Al menos el mismo número de traumatismos se ven en las consultas de atención primaria y no se informa de ellos oficialmente. Afortunadamente, para la gran mayoría, la lesión es una conmoción cerebral, o un TBI leve, y la recuperación tiene lugar durante las semanas posteriores con pocos síntomas persistentes.

Sin embargo, para el 10-20% de aquellos que tienen TBI leve, los síntomas persisten, a veces durante meses o años. Varios comportamientos suelen verse afectados, incluyendo la cognición, la emoción, la función visual, la función vestibular y el sueño, siendo los dolores de cabeza una queja casi universal.

la incidencia de TBI en América Latina y África subsahariana se estima entre 150-175 por 100.000. Hay una gran brecha en los datos y el TBI es mucho más común en los países de bajos y medianos ingresos.

Puede que las lesiones deportivas sean el factor contribuyente más importante, pero las caídas, los accidentes de vehículos a motor, las agresiones y una variedad mayor de lo que uno podría llegar a pensar de golpes en la cabeza, también son relativamente comunes.

Diferentes causas son más probables en diferentes edades, predominando las caídas a edades más tempranas y avanzadas, los deportes en el caso de los adolescentes y los veinteañeros, y los accidentes de vehículos a motor durante el resto de la edad adulta (aunque es la causa de muerte relacionada con el TBI más frecuente en el rango de edades de 20 a 24 años).

Independientemente de la causa, el TBI se produce cuando el cerebro recibe una sacudida dentro del cráneo y queda sujeto a fuerzas compresivas y/o de corte. Estas fuerzas conducen a la aparición de daños tisulares y a una cascada de respuestas fisiológicas con consecuencias inmediatas y a largo plazo.

 La mayoría de las personas se recuperan completamente de una lesión cerebral leve en unas pocas semanas. Sin embargo, 10-20% tienen síntomas persistentes que les impiden regresar al trabajo o a la escuela.

Las TBI leves pueden ocurrir con o sin pérdida de conciencia. Por la definición de leve, si una conmoción cerebral conduce a una pérdida de conciencia, suele ser de pocos minutos o menos. Sin embargo, la sensación de estar aturdido y la pérdida de memoria alrededor del momento del acontecimiento es muy común, con o sin pérdida de conciencia.

Uno de los mayores peligros de las conmociones cerebrales deportivas es la posibilidad de un segundo impacto cuando el cerebro aún se encuentra en una situación comprometida. Incluso segundos impactos leves, que normalmente no tendrían consecuencias, pueden provocar síntomas importantes, o crear síntomas que no estaban presentes tras el primer impacto. Esto es especialmente problemático en los deportes en los que el jugador, el entrenador y el equipo quieren volver todos al juego. Una sacudida leve no sólo puede conducir a una lesión desmedida, sino que, además, la ralentización de los reflejos hace que sea mucho más probable.

Los Síntomas Visuales Del TBI Leve

Se clasifican en cuatro categorías:

Refractivos

Después de una lesión en la cabeza, el organismo suele quedar sensibilizado incluso a pequeñas potencias de prescripción. Algo muy leve, que apenas hubiera sido notado antes, y que puede ser pasado por alto si el médico no sabe que debe buscarlo, puede mejorar significativamente el confort y la claridad.

Oculomotores/Binoculares

El control de los movimientos oculares, especialmente la coordinación y el enfoque de ambos ojos al mismo tiempo, suele verse afectado muy a menudo. Los resultados incluyen:

  • Convergencia insuficiente– e incomodidad o visión doble al leer.
  • Reducción de la fluidez y la precisión de los movimientos oculares– haciendo que las letras parezcan saltar en las páginas.
  • Incapacidad de acomodación– un esfuerzo excesivo para mantener el enfoque y visión borrosa, incómoda e inestable.

De Percepción Visual

La integración de los ojos y el cerebro resulta perjudicada, alterando la manera en que uno percibe e interactúa con el entorno, lo cual conduce a:

  • Sensibilidad visual al movimiento– la sensación de estar abrumado por las luces y el movimiento, especialmente en vehículos, tiendas grandes y observando el desplazamiento de una pantalla.
  • Fotosensibilidad– sentir que incluso la luz interior es demasiado brillante y necesitar el uso de gafas de sol para casi todas las actividades.
  • Localización espacial– no sólo resulta afectada la percepción de la profundidad, sino que además suele haber un cambio en cómo uno percibe su propia posición en el espacio. Mientras que una persona sin lesiones se orienta correctamente respecto a los objetos que tiene directamente en frente, tras un TCE, puede aparecer la sensación de que lo que está justo en frente está a los lados, y que lo que está a los lados está justo en frente.
  • Alteración visual-vestibular– los ojos y los oídos internos procesan la información en coordinación, permitiendo mantener el equilibrio y reduciendo las sensaciones de náusea con el movimiento. Tras un TCE, el mareo y el mareo por movimiento son bastante comunes.

De Salud Ocular

Las lesiones en la cabeza pueden dañar la estructura física de los ojos y del sistema visual. Esto puede ocurrir en cualquier punto desde la superficie frontal del ojo hasta la retina, el nervio óptico y los nervios que influyen en los movimientos oculares. Los síntomas resultantes pueden incluir dolor, visión borrosa, visión doble y defectos del campo visual.

Tras un TBI, sin embargo, yo recomiendo la regla 5/20/20 – hasta que las tareas visuales puedan hacerse con síntomas mínimos, tomar descansos más frecuentes pero igual de cortos, antes de que se produzcan interferencias con el rendimiento. Esto puede mantenerlo a uno trabajando durante largos periodos, con mayor eficiencia y confort.

Dr. Steve Jacobs

Un Enfoque de Equipo

Como una gran variedad de funciones conductuales se ven afectadas por los TCEs, el tratamiento óptimo requiere un enfoque de equipo interdisciplinar, que puede incluir al médico de atención primaria, al neurólogo, al optometrista, al psicólogo y al fisiatra (medicina física y rehabilitación), así como terapeutas vestibulares, ocupacionales, visuales y logopedas. Cuanto antes se busquen y se empiecen los cuidados, mejor será el resultado.

El pensamiento actual está cambiando en relación a la elección del momento de la terapia. Mientras que antes se recomendaba reposo absoluto hasta que la mayoría de los síntomas desaparecían, ahora hay una tendencia hacia una rehabilitación más activa. Para el TBI leve, se aconseja reposo entre 24 y 72 horas. Tras ese periodo, y bajo orientación profesional, lo más beneficioso puede ser volver a la actividad física de forma estructurada y supervisada. Las conductas con gran riesgo de impactos en la cabeza deben evitarse, pero se pueden incluir actividades como el aeróbic, la coordinación ojo-mano, la fuerza, etc…

El esfuerzo inicial debería reducirse por debajo del máximo tolerado, y deberían tomarse descansos frecuentes. Esto también es aplicable en el caso de las actividades visuales. Aunque pueda haber deseos de volver a la rutina, si uno se esfuerza demasiado, los síntomas empeorarán, y la recuperación óptima se retrasará.

En general, recomendamos lo que se conoce como la regla 20/20/20 a la hora de participar en actividades visuales de cerca prolongadas – cada 20 minutos tomar un descanso de 20 segundos, y mirar a 20 pies de distancia. Esto reduce la fatiga visual, la visión borrosa y la sequedad evitando los periodos muy largos de enfoque sin apartar la vista y la reducción del parpadeo que conlleva. Al cambiar el enfoque, los ojos se relajan y automáticamente se parpadea más.regla 20/20/20

Tras un TBI, sin embargo, yo recomiendo la regla 5/20/20 – hasta que las tareas visuales puedan hacerse con síntomas mínimos, tomar descansos más frecuentes pero igual de cortos, antes de que se produzcan interferencias con el rendimiento. Esto puede mantenerlo a uno trabajando durante largos periodos, con mayor eficiencia y confort.

La terapia específica para tratar las áreas de dificultad conduce a una recuperación mejorada, en comparación con sólo “tiempo” o actividad autodirigida. Dependiendo de las circunstancias individuales, esto puede incluir los servicios de uno o más de los especialistas enumerados anteriormente, para mejorar las funciones del equilibrio, las funciones visuales, la fuerza y la coordinación, los problemas cognitivos, emocionales y de sueño, etc…

La nutrición es un factor reconocido, pero con demasiada frecuencia recibe menos atención de la que se merece. Esto es cierto en el caso de la salud general, como complemento de diversos tratamientos de enfermedades y en el cuidado de las conmociones cerebrales. Quizás sea porque es simple, pero no fácil. Sin medicamentos, sin un gasto tremendo, sin un régimen complejo o agotador… Pero comer “bien” requiere tiempo, conocimiento y autocontrol – cosas que muchos humanos no suelen dominar especialmente bien. Estamos en las primeras etapas del aprendizaje de lo que significa realmente una nutrición óptima. Sin embargo, en relación al cuidado de las conmociones cerebrales, hay dos acciones simples (y fáciles) que pueden ser muy útiles.

Ácidos grasos Omega-3 – Especialmente los que se encuentran en el aceite de pescado – El cuerpo no puede fabricar estos productos. Deben ser consumidos directamente o convertidos a partir de compuestos precursores. Tienen efectos generalmente antiinflamatorios, y son uno de los componentes básicos clave del tejido cerebral, pues representan aproximadamente 1/3 del peso del cerebro. Las investigaciones sugieren que un mayor consumo de Omega-3 puede acelerar la recuperación tras el TBI, y puede proteger al cerebro contra el TBI antes de que se produzca. Como “suplemento”, están mínimamente regulados, por lo que es importante conocer bien los fabricantes y productos específicos. Nosotros recomendamos Nordic Naturals.

omega-3

El consumo de ácidos grasos omega-3 como los que se encuentran en el aceite de pescado puede ayudar a acelerar la recuperación después de una lesión cerebral traumática.

Buena hidratación – Una ingesta adecuada de líquidos puede aliviar algunos de los síntomas de dolor de cabeza que se ven frecuentemente tras una conmoción cerebral. Ya sea por el propio TBI, o por la probabilidad de comer y beber menos cuando uno no se siente bien, beber ½ galón de agua extra al día es un tratamiento de bajo coste y riesgo para probar durante una semana más o menos después de la aparición de la conmoción cerebral.

El tratamiento del Síndrome Postconmoción Cerebral (PCS, por sus siglas en inglés) también puede implicar apoyo psicológico y/o medicamentos, particularmente para tratar los trastornos cognitivos, emocionales y del sueño que suelen estar presentes. El neurólogo y el psicólogo son los que más intervienen en estos aspectos.

Cuando ocurre una conmoción cerebral, no siempre es inmediatamente obvio. A menudo hay una gran cantidad de adrenalina circulando tras cualquier lesión, por lo que puede haber un poco de confusión con o sin conmoción cerebral, y el dolor de cabeza y otros síntomas (que pueden aparecer más tarde) pueden no ser reconocidos de inmediato. Esto es especialmente cierto en los deportes donde a los atletas se les dice que sean duros, que se sacrifiquen por el equipo y que vuelvan al juego. Para determinar si una conmoción cerebral es probable, y tomar medidas en consecuencia, se pueden examinar ciertos signos conductuales. Visualmente, los movimientos oculares ofrecen una buena medida de diagnóstico. Aunque las pruebas de movimientos oculares pueden sugerir si existe un problema, son más útiles cuando hay datos de referencia del individuo. No es práctico ni eficiente hacer esto para la mayoría de las personas, pero si hay un riesgo alto, como en el caso de los participantes en equipos organizados de fútbol, fútbol americano y hockey, las pruebas antes de empezar la temporada pueden ser beneficiosas para determinar si un jugador debería ser retirado del juego, así como cuándo se ha recuperado lo suficiente como para volver a jugar.

Gracias a los avances médicos recientes y a la exposición en los medios de comunicación populares, hay mucho más reconocimiento y conciencia del TCE de lo que había hace unos escasos 5 años. Cuanto más aprendemos, más nos damos cuenta de lo prevalente que es el TCE leve y de lo serias que pueden ser sus consecuencias a largo plazo. Que te “noqueen” no es realmente tan inofensivo como parecía en Bonanza Mannix (sí, sé que son series más viejas que yo), donde se levantaban, se frotaban la barbilla, sacudían un poco la cabeza y luego seguían su camino. Los TBI, incluso los leves, deben ser tomados en serio y tratados correctamente por profesionales con conocimientos adecuados. Los profesionales y el público necesitan saber qué buscar y qué hacer. Esperemos que estas páginas sean un paso en esa dirección.

Puede Cualquier Optometrista Hacer un Examen de TBI?

Probablemente no. Debe buscar un optometrista entrenado en la terapia visual, rehabilitación neuro-optométrica o la optometría comportamental. También puede usar los siguientes enlaces para buscar optometristas familiarizados con este tipo de examen.

COVD – College of Optometrists in Vision Development

NORA – Neuro-Optometric Rehabilitation Association

 

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Dr. Steve Jacobs

Optometrista

Dr. Jacobs ha sido en la práctica privada en Blacksburg, Virginia durante 28 años donde se especializa en ortoqueratología, lentes de contacto especiales y de rehabilitación de la visión después de la lesión cerebral traumática.